
Señor Secretario General António Guterres, estimadas y estimados jefes de Estado y de Gobierno, y representantes de los Estados miembros reunidos aquí el día de hoy:
Este tendría que ser un momento de celebración de las Naciones Unidas, fundadas al terminar la guerra. Naciones Unidas simboliza la máxima expresión de las aspiraciones de paz y prosperidad. Hoy, no obstante, los ideales que inspiraron a sus fundadores en San Francisco se ven amenazados como nunca antes en su historia.
El multilateralismo se encuentra en una nueva encrucijada. La autoridad de la organización está siendo cuestionada. Asistimos a una consolidación del orden internacional caracterizado por concesiones reiteradas a la política del poder, ataques contra la soberanía, sanciones arbitrarias e intervenciones unilaterales que se están convirtiendo en la norma.
Existe un paralelo claro entre la crisis del multilateralismo y el debilitamiento de la democracia. El autoritarismo se fortalece cuando no actuamos ante los actos arbitrarios, cuando la sociedad internacional falla en la defensa de la paz, la soberanía y el Estado de derecho. Y las consecuencias son trágicas en todo el mundo.
Las fuerzas antidemocráticas tratan de avasallar las instituciones y sofocar las libertades. Enaltecen la violencia, glorifican la ignorancia, actúan como milicias físicas y digitales, y coartan a la prensa.
Incluso bajo un ataque sin precedentes, Brasil optó por resistir y defender su democracia, recuperada hace 40 años por su pueblo luego de 20 años de gobiernos dictatoriales. No existe justificación alguna para medidas unilaterales y arbitrarias contra nuestras instituciones ni contra nuestra economía. La agresión contra la independencia del Poder Judicial es inaceptable.
Esta interferencia en asuntos nacionales se ve acompañada por una extrema derecha sometida, que siente nostalgia de las hegemonías del pasado: falsos patriotas que planifican y publican acciones contra Brasil. La paz no se puede lograr con impunidad.
Hace apenas unos días, y por primera vez en 525 años de nuestra historia, un otrora jefe de Estado fue sentenciado por haber atacado el Estado de derecho democrático. Fue investigado, inculpado, enjuiciado y se le exigieron cuentas por sus actos, en un proceso muy meticuloso. Contó con el derecho a defenderse, una prerrogativa que las dictaduras negaban a sus víctimas.
Ante los ojos del mundo, Brasil envió un mensaje a los autócratas en ciernes y a quienes los apoyan: nuestra democracia y nuestra soberanía no se negocian. Seguiremos como nación independiente y como pueblo libre de todo tipo de tutelaje.
Las democracias sanas van más allá de los rituales electorales. Su fortaleza supone la reducción de las desigualdades y la garantía de los derechos fundamentales: alimentación, seguridad, trabajo, vivienda, educación y salud.
La democracia falla cuando las mujeres ganan menos que los hombres o mueren a manos de sus parejas o familiares. La democracia pierde cuando cierra sus puertas y culpa a los migrantes por los infortunios del mundo. La pobreza es tan enemiga de la democracia como lo es el extremismo.
Por eso fue un orgullo recibir la confirmación de la FAO de que Brasil, una vez más, ha salido del mapa del hambre en este año 2025. Pero en el mundo siguen existiendo 670 millones de personas que sufren hambre y unos 2,300 millones que padecen inseguridad alimentaria. La única guerra de la que todos podemos salir vencedores es la que libramos contra el hambre y la pobreza.
Ese es el objetivo de la alianza mundial que establecimos en el G20 y que cuenta con el apoyo de 103 países.
La comunidad internacional debe revisar sus prioridades: reducir el gasto en armas, aumentar la asistencia al desarrollo, aliviar el pago de intereses de la deuda externa de los países más pobres —sobre todo de las naciones africanas— y fijar normas internacionales de tributación mínima, para que los superricos paguen más impuestos que los trabajadores.
La democracia también se mide en función de la capacidad de proteger a las familias y a la infancia.
Las plataformas digitales ofrecen posibilidades de trabajo y consumo como nunca antes lo habíamos imaginado, pero también se han usado para sembrar intolerancia, misoginia, xenofobia y desinformación. Internet no puede ser tierra de anarquía: depende de los gobiernos proteger a los más vulnerables.
La reglamentación no supone coartar la libertad de expresión; más bien garantiza que lo que ya es ilegal en el mundo real sea tratado de la misma manera en el entorno virtual.
Los ataques contra la reglamentación ayudan a encubrir intereses ocultos y ofrecen abrigo para la delincuencia, el fraude, la trata humana, la pedofilia y los ataques contra la democracia. El Parlamento brasileño se apresuró atinadamente a estudiar esta cuestión. La semana pasada fue un orgullo para mí promulgar una de las leyes más avanzadas del mundo sobre la protección de la infancia y la adolescencia en el entorno digital.
Además, ya enviamos proyectos de ley al Congreso Nacional para fomentar la competencia en los mercados digitales y alentar la instalación de centros de datos sostenibles. Y, para paliar los riesgos de la inteligencia artificial, estamos comprometidos a consolidar la gobernanza multilateral con apego al Pacto Digital Mundial, aprobado en esta plenaria el año pasado.
Señoras y señores, excelencias: en América Latina y el Caribe asistimos a un momento de polarización e inestabilidad creciente. Mantener la región como zona de paz es y seguirá siendo nuestra prioridad. Somos un continente libre de armas de destrucción en masa, sin conflictos étnicos ni religiosos.
La comparación entre delincuencia y terrorismo es preocupante. La manera más eficaz de luchar contra el narcotráfico es cooperar para reprimir el lavado de dinero y restringir el comercio de armas. El uso de la fuerza letal en situaciones que no constituyen un conflicto armado equivale a ejecutar a alguien sin juicio.
En otras regiones del planeta ya ha habido intervenciones que han causado más daño del previsto, con consecuencias humanitarias graves. El camino al diálogo no debe cerrarse a Venezuela. Haití tiene derecho a un futuro libre de violencia. Y es inaceptable que Cuba figure en la lista de países que patrocinan el terrorismo.
En cuanto al conflicto en Ucrania, ya se sabe que no hay solución militar. La reciente reunión en Alaska dio esperanza de que habría una salida negociada. Es necesario allanar el camino hacia una solución realista, lo que implica tomar en cuenta las preocupaciones legítimas en materia de seguridad de todas las partes.
La iniciativa africana y el grupo de amigos para la paz, establecidos por China y Brasil, pueden ayudar a promover el diálogo y una solución diplomática.
Ninguna situación es más emblemática del uso desproporcionado e ilegal de la fuerza que lo que ocurre en Palestina. Los atentados terroristas perpetrados por Hamás son indefendibles desde cualquier óptica, pero nada, absolutamente nada, justifica el actual genocidio en Gaza.
Bajo toneladas de escombros en Gaza se encuentran sepultados decenas de miles de mujeres y niños inocentes. Ahí vemos que el derecho humanitario internacional y el mito del excepcionalismo ético de Occidente también han quedado sepultados. Esta masacre no habría ocurrido sin la complicidad de quienes pudieron haberla prevenido.
En Gaza el hambre se usa como arma de guerra y el desplazamiento forzado de la población ocurre de manera impune. Vaya mi admiración a los judíos que, desde Israel y fuera de Israel, se han opuesto a este castigo colectivo. El pueblo palestino corre el riesgo de desaparecer. Solo sobrevivirá con un Estado independiente integrado a la comunidad internacional. Esa es la solución que defienden más de 150 Estados miembros de las Naciones Unidas, reafirmada ayer aquí en este mismo salón, pero obstaculizada por un solo veto.
Es lamentable que el presidente Mahmud Abbas no haya recibido la autorización del país anfitrión para venir a ocupar el escaño palestino en este momento histórico.
La propagación de este conflicto hacia Líbano, Siria, Irán y Qatar alimenta una carrera armamentista sin precedentes.
Señora Presidenta, las bombas y las armas nucleares no nos protegerán de la crisis climática. El año 2024 fue el más caluroso jamás registrado. La COP30, que se celebrará en Belém, Brasil, será la conferencia de las partes de la verdad y una oportunidad para que los gobernantes del mundo comprueben la gravedad de la situación y demuestren seriedad en su compromiso con el planeta.
Sin un panorama completo de las contribuciones determinadas a nivel nacional, caminamos a ciegas hacia el abismo.
Brasil ya se ha comprometido a reducir sus emisiones en un 59 a 67%, abarcando todos los gases de efecto invernadero y todos los sectores de la economía. Los países en desarrollo afrontan el cambio climático mientras también se enfrentan a otros retos, y mientras los países ricos disfrutan de un nivel de vida alcanzado a expensas de 200 años de emisiones de gases de efecto invernadero.
Se necesita una ambición mucho mayor y garantizar también un acceso más amplio a los recursos y tecnologías, no por caridad, sino por justicia. Y es que la carrera hacia los minerales esenciales y la transición energética basada en ellos no puede permitir que se reproduzca la depredación ni la lógica asimétrica de los últimos siglos.
Será en Belém donde el mundo aprenderá cuáles son las realidades que se viven en la Amazonía, donde Brasil ya ha reducido la deforestación a la mitad en los últimos dos años. Erradicarla exige condiciones de vida decentes para los millones de personas que la habitan.
Promover el desarrollo sostenible es el objetivo del Fondo para Bosques Tropicales para Siempre, que Brasil desea estrenar para compensar a los países que cumplan sus promesas forestales. Pero ha llegado el momento de pasar de la negociación a la aplicación.
El mundo le debe mucho al régimen creado por la Convención sobre el Clima. El cambio climático necesita convertirse en el corazón que dé vida a las Naciones Unidas, porque merece toda su atención: un consejo relacionado con la Asamblea General, con el poder y la legitimidad necesarios para dar seguimiento a los compromisos asumidos y garantizar coherencia en la acción climática. Eso es lo que necesitan las Naciones Unidas.
Es un paso fundamental que habrá de darse de cara a la reforma amplia de la organización, que debe incluir también un Consejo de Seguridad ampliado en sus dos categorías de miembros.
Pocos sectores han empeorado tanto como el sistema de comercio multilateral, con medidas unilaterales que han convertido principios fundamentales —como el de la nación más favorecida y su cláusula— en palabras huecas. Estas medidas han alterado las cadenas de valor y echado por tierra la economía global, sumiéndola en una espiral perniciosa de altos precios y estancamiento. Es urgente refundar la OMC sobre normas mucho más modernas y flexibles.
Señoras y señores, este año el mundo se ha quedado sin dos personalidades excepcionales: el expresidente uruguayo Pepe Mujica y el Papa Francisco. Ambos representaban, como pocos, los valores humanistas. Sus vidas estuvieron entrelazadas con esas ocho décadas de existencia de las Naciones Unidas.
Si siguieran entre nosotros, probablemente utilizarían esta plataforma para recordar que el autoritarismo, la degradación medioambiental y la desigualdad no son inexorables, que los únicos derrotados son quienes se resignan.
¿Qué podemos hacer frente a los falsos profetas y oligarcas que explotan el miedo y comercian con el odio? El mañana está hecho de las elecciones cotidianas y del valor que hoy necesitamos para transformar el presente.
En el futuro que Brasil se plantea no tiene cabida la rivalidad ideológica ni las esferas de influencia. La confrontación no es inevitable. Necesitamos líderes con visiones claras que entiendan que el orden internacional no es un juego de suma cero.
El siglo XXI será cada vez más multipolar y, para que siga siendo pacífico, no puede dejar de ser multilateral. Brasil otorga una importancia creciente a la Unión Europea, a la Unión Africana, a la ASEAN, a la CELAC, a los BRICS y al G20.
La voz del Sur Global debe ser respetada y escuchada. La ONU cuenta hoy con casi cuatro veces más miembros que cuando fue creada con apenas 51.
Nuestra misión histórica es lograr que, una vez más, se convierta en una fuente de esperanza, en promotora de la igualdad, la paz, el desarrollo sostenible, la diversidad y la tolerancia.
Que Dios nos bendiga a todos. Muchas gracias.
[Aplausos]
S.E. Luiz Inácio Lula da Silva es el actual presidente de Brasil, en funciones desde el 1 de enero de 2023, tras haber ganado las elecciones de 2022. Esta es su tercera presidencia, habiendo gobernado anteriormente entre 2003 y 2010. Lula es una figura emblemática de la izquierda latinoamericana y fundador del Partido de los Trabajadores (PT), con una trayectoria marcada por su defensa de los derechos sociales, la integración regional y el combate a la pobreza.
Durante su actual mandato, ha retomado temas clave como:
- 🌱 Sostenibilidad y Amazonía: Lula ha buscado reposicionar a Brasil como líder ambiental, con compromisos para frenar la deforestación y fortalecer la protección de los pueblos indígenas.
- 🤝 Diplomacia Sur-Sur: Ha impulsado el fortalecimiento del Mercosur, el BRICS y la cooperación con África y América Latina, promoviendo una multipolaridad más equitativa.
- 🏛️ Democracia y derechos sociales: En respuesta a tensiones políticas internas, ha reafirmado su compromiso con la democracia, la inclusión y la reconstrucción de políticas públicas desmanteladas en años anteriores.
Título (máx. 15 palabras)
Brasil defiende la democracia y el multilateralismo en un mundo en crisis
Meta Descripción (máx. 25 palabras)
Brasil reafirma su compromiso con la paz, la democracia, el clima y la justicia global en la ONU 2025.
Resumen (~150 palabras)
¡Qué discurso tan contundente! Brasil advirtió en la ONU que el multilateralismo y la democracia enfrentan amenazas inéditas. Señaló el avance del autoritarismo, la violencia y la desigualdad como riesgos para la paz mundial. Denunció la interferencia extranjera en su política interna, la manipulación digital y el uso de internet para difundir odio y desinformación. Celebró que Brasil salió del mapa del hambre y llamó a reducir el gasto en armas para invertir en desarrollo, justicia fiscal y protección de la infancia. Reclamó una reforma de la ONU y un Consejo de Seguridad más representativo. Condenó el genocidio en Gaza, pidió diálogo en Ucrania, Venezuela y Haití, y defendió un Estado palestino. Frente a la crisis climática, exigió compromisos reales rumbo a la COP30 en Belém, donde Brasil presentará avances en la Amazonía. ¿Podrá el mundo actuar antes de que sea tarde?
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Palabras Clave
Brasil, democracia, multilateralismo, ONU, paz, clima, desigualdad, Gaza, COP30, soberanía
